Una visita cargada de risas

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Feb 17

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No he buscado la palabra voluntario en el diccionario, pero no debo equivocarme demasiado si digo que voluntario debe ser una persona que hace cosas u ofrece servicios a los demás invirtiendo su tiempo, a veces libre y otras veces no tanto, y todo ello sin esperar nada a cambio. Con esta idea de voluntario, recibimos el dia cuatro de Enero la visita de una representación de cuatro miembros de Barabú, un grupo de personas que desinteresadamente se visten de payaso con el fin de hacer un poquito más azul el cielo que gente con graves problemas ve gris.

Antes dije que el voluntario hace sin “esperar”, que no es lo mismo que sin “recibir”. Este es el matiz clave en el que la gente la mayoría de las veces no cae y para los que no estamos iniciados en el voluntariado podría significar la diferencia entre seguir cómodamente viendo las realidades de la vida a través de un monitor de televisión o ponernos la ropa de pringarse y lanzarse al barro. Y digo esto porque los voluntarios no solo si “reciben”, sino que además se van llenos de nuevas motivaciones, de alegrías, de energías renovadas y de una amalgama de sentimientos que son su gasolina, la verdadera razón por la que personas cuyas vidas no se parecen en absolutamente nada, se unen con el fin de hacer reír a un niño enfermo que pasa unos días en el hospital, sobrellevar la angustia a los padres de ese mismo niño escuchándoles y ofreciéndoles apoyo, visitando a personas mayores que tal vez no son tan visitadas como merecieran, y en el caso que hoy me pone a escribir, a un colectivo de personas privadas de libertad que buscan nuevos caminos para su futuro.

Dice el refranero español en uno de sus más clásicos pasajes que el hábito no hace al monje, en referencia a que por mucho que alguien se vista de algo, nunca se convertirá en ese personaje al que quiere imitar… Pero os comento lo que pasó cuando nos dieron a cada uno una simple bolita roja de goma espuma, rajada en el medio y con un sistema de agarre más bien mediocre. Convirtió a 43 presos comunes, cada uno de su padre y su madre, cada uno con sus historias tras ellos, en 43 payasos por unas horas, todos iguales y con una misión, hacer reír a los otros 42 compañeros, y a los cuatro voluntarios de Barabú.

Así pues, lo que en un principio comenzó siendo una visita de Barabú a un grupo de presos, se convirtió por explicarlo de alguna manera, en una visita de los presos a Barabú, donde los presos fuimos los voluntarios que hicimos reír y el grupo Barabú fueron los donantes de risas. Sé por palabras de los propios miembros de Barabú que la visita fue especial para ellos porque les tocó en algunos recodos de su corazoncito; y sé porque lo he vivido en

primera persona, que ofrecer lo propio voluntariamente y hacer reír a alguien también nos ha tocado en rinconcitos del nuestro.

¿Con qué nos hemos quedado en Proyecto Hombre de esta experiencia? Con que una visita que solo parecía de cortesía acabó siendo, una vez más, una lección de vida, un nuevo aprendizaje para muchos. Estamos privados de libertad porque así lo hemos merecido, si, pero aun así, en estas circunstancias tan adversas, seguimos teniendo recursos para ofrecer algo a los demás…Una mano de ayuda, un abrazo de consuelo o, como en este caso, momentos de sonrisas y alegría.

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